Vivimos en la era del consumismo. Lo que acabamos de adquirir pasa de moda de forma inmediata y compramos más objetos de los que podemos usar. Esto conlleva graves consecuencias como el uso indiscriminado de materias primas y la contaminación con el consecuente cambio climático, en algunos cosas realizar reformas integrales, por citar sólo unos ejemplos.

Si nos decidimos a reciclar, estaremos contribuyendo a mejorar la salud del planeta además de ahorrar dinero y tener la satisfacción de conseguir algo nuevo realizado por nosotros mismos. Concretamente, hablemos de los muebles.

Muchas veces los tenemos en casa arrumbados hasta que terminan de deteriorarse por completo y decidimos que es hora de tirarlos. No obstante, podemos darles una segunda oportunidad. No imagináis los cambios que pueden conseguirse con una buena mano de pintura.

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Lo primero será buscarle una utilidad. Por regla general, el uso que les damos a los muebles reciclados no es el mismo que el que tenían en su origen. Aunque siguen teniendo carácter práctico su función viene a ser más bien ornamental. No olvidéis que antes de pintar conviene lijar teniendo cuidado con las astillas y clavos oxidados con los que nos podamos encontrar. ¡Una capa de brillo o barniz al final… y a estrenar muebles!

Por ejemplo, supongamos que tenemos una silla vieja sobre la que ya no nos podemos sentar. Una buena opción puede ser quitarle las patas y convertirla en columpio. Otra opción es recortar parte del asiento y quitar también las patas para convertirla en una balda para el cuarto de baño. Si la ponemos boca abajo, entre sus listas pueden colocarse las toallas. Si la pintamos del color adecuado, ¿no os parece una idea genial? También podemos usarla para colocarla en el patio o en el jardín como macetero. La clave es dar rienda suelta a la imaginación. Tened en cuenta que, en principio, iba a ser algo que íbamos a desechar por lo que no hay que desanimarse si a la primera no nos sale como esperábamos. Tendremos muchas más oportunidades de reciclar.

Las puertas nos dan infinidad de opciones. Por ejemplo, les podemos colocar un espejo y pintarlas y tendremos algo radicalmente distinto a lo anterior. Lo mismo sucede con las mesas. ¿Te has imaginado alguna vez cómo podrías convertirlas en percheros? ¿Y qué tal una nevera reconvertida en armario?

En el reciclaje todo está permitido. Recuerda que los límites sólo te los marcas tú mismo.